El primero es interno. Una asesoría fiscal, laboral o contable —o un despacho de abogados— ya utiliza inteligencia artificial aunque no la haya catalogado como tal: ChatGPT, Microsoft Copilot o Gemini para redactar y resumir, asistentes jurídicos, el software contable y fiscal que incorpora funciones de IA, automatizaciones de gestión y herramientas de terceros que procesan datos de clientes. Ese uso hay que identificarlo, ordenarlo y documentarlo dentro de la propia firma.
El segundo es externo. Los clientes de la asesoría también utilizan IA y empiezan a preguntar: qué les afecta del Reglamento, si deben formar a sus empleados, cómo documentar el uso que hacen de estas herramientas, qué riesgos asumen y qué ocurriría ante una inspección. La asesoría ocupa una posición única para responder: es quien ya ordena su fiscalidad, su contabilidad y su normativa laboral.
Tu propia organización
Inventariar la IA que usa el equipo, evaluar sus riesgos —especialmente con datos de clientes bajo secreto profesional—, formar a las personas y conservar evidencias.
Las preguntas de tus clientes
Cada cliente necesitará ordenar su propio uso de IA. Quien ya ha recorrido ese camino puede detectar la necesidad, orientar y acompañar con criterio.
